lunes, 17 de junio de 2019

Y llega el día en el que se produce el cambio. En ocasiones ha sido un cambio anunciado, deseado, preparado. Pero también puede ser un cambio impuesto, imprevisto, injusto, no planificado. Y, sin embargo, con frecuencia, oiremos que se necesitan cambios para evolucionar, que todo cambio es un reto, una oportunidad y una forma de demostrar la valía profesional.

Y no quise esquivar el reto, me preparé para ese cambio que llegaría, esa oportunidad que iba a ser mía, no escatimé sacrificio personal: dediqué tiempo libre, esfuerzo y dinero en lograr la mejor formación, en estar en el lugar adecuado y en el momento necesario. Invertí en mi futuro, tal y como me recomendaban. Y llegó ese cambio. Y no fue el cambio anunciado, deseado, preparado. Fue impuesto, inexplicable, injusto. Y, de pronto, desaparece todo lo que has construido, todo eso por lo que has luchado. Y ni siquiera mereces una explicación. Y comienzas a entender el absurdo y obsoleto sistema en el que nos movemos: en nuestro país no es fácil trasladar a un funcionario de una Administración a otra. Por ello, si tu servicio desaparece y no hay otro similar al que enviarte, pues te conviertes en una figura extraña, fuera de lugar, incómoda para los superiores. Y miran para otro lado. Y procuran olvidar que han cercenado la vida laboral de un grupo de personas.

Y lo intentas. Capacidad de adaptación, más que nada porque no queda otra. Pero tu formación, tu experiencia laboral, tus capacidades desarrolladas, dejan de tener sentido en el lugar donde, de pronto, te encuentras. Y, sin embargo, son valiosas y necesarias a pocos metros de dónde te han sentado. Más no hay un camino para recorrer esa distancia. No hay sendero trazado.
Y sigo buscando el camino. Me resisto a abandonar mi profesión, mi vocación, mi formación y mi oportunidad. Capacidad de adaptación. Días de ilusión y días de frustración. Sin dejarme amedrentar por esa maleza que debe de ocultar el sendero.

Vivimos en una cultura organizacional estancada en la inercia, poco preparada para gestionar con eficacia las capacidades de las personas que la integran. Un lujo inexplicable en un país tachado de ser poco productivo. Una torpeza. Algo que cambiar.

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