martes, 18 de junio de 2019

Un gesto admirable que me hizo reflexionar acerca de las relaciones laborales

Estaba en el despacho del jefe. No era en mi servicio. Hacía una visita para una reunión. Recibió una llamada y yo me situé en un lugar discreto del despacho para no molestar. Era uno de los trabajadores, con una queja. El jefe explicó su postura, de forma muy firme, pero muy asertiva, sin malos modos. Dejó claro que había incumplido sus instrucciones. "Unas instrucciones que había pactado contigo y con las que estuviste de acuerdo", aclaró. Probablemente las quejas aumentaron al otro lado del auricular. Y la voz segura del jefe zanjó la cuestión. "Vamos a hacer una cosa: dos semanas haciéndolo como yo planteé. Nos reunimos después y evaluamos resultados. Así tomamos la decisión final con más información y tiempo". Y antes de colgar, el jefe añadió "y me paso por tu puesto para ir a desayunar juntos, tienes que conocer a una persona". 

Y así fue. Desayunamos juntos en un ambiente cordial, sin ninguna alusión entre ellos a la discusión anterior. Como compañeros bien avenidos. Sin personalizar ninguno de los dos el problema tratado. Sin que un asunto laboral trascendiera a su relación personal.

Toda una lección para mí. 

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