martes, 18 de junio de 2019

Un gesto admirable que me hizo reflexionar acerca de las relaciones laborales

Estaba en el despacho del jefe. No era en mi servicio. Hacía una visita para una reunión. Recibió una llamada y yo me situé en un lugar discreto del despacho para no molestar. Era uno de los trabajadores, con una queja. El jefe explicó su postura, de forma muy firme, pero muy asertiva, sin malos modos. Dejó claro que había incumplido sus instrucciones. "Unas instrucciones que había pactado contigo y con las que estuviste de acuerdo", aclaró. Probablemente las quejas aumentaron al otro lado del auricular. Y la voz segura del jefe zanjó la cuestión. "Vamos a hacer una cosa: dos semanas haciéndolo como yo planteé. Nos reunimos después y evaluamos resultados. Así tomamos la decisión final con más información y tiempo". Y antes de colgar, el jefe añadió "y me paso por tu puesto para ir a desayunar juntos, tienes que conocer a una persona". 

Y así fue. Desayunamos juntos en un ambiente cordial, sin ninguna alusión entre ellos a la discusión anterior. Como compañeros bien avenidos. Sin personalizar ninguno de los dos el problema tratado. Sin que un asunto laboral trascendiera a su relación personal.

Toda una lección para mí. 

lunes, 17 de junio de 2019

DECÁLOGO PARA GUIAR UNA ADECUADA LABOR DIRECTIVA

DECÁLOGO PARA GUIAR UNA ADECUADA LABOR DIRECTIVA

1. LA FORMACIÓN

Una adecuada formación facilita la labor directiva en todas sus facetas. Tanto en las técnicas, dirigidas directamente a la responsabilidad que se ostenta, como en otros ámbitos que dotarán de capacidades diversas a la persona: comunicación, liderazgo, inteligencia emocional, capacidad de planificación. Pienso que el buen líder no nace, aunque hay personas con ciertas capacidades casi innatas que resultan muy adecuadas, el liderazgo se aprende y se forma a base de esfuerzo y de experiencia.

2. LA EXPERIENCIA

Continuando con la reflexión anterior, la experiencia es necesaria junto a la formación. La experiencia como gestor, pero también la experiencia en el ámbito en el que se gestiona, dado que conocer sus entresijos nos ayudará a planifica acciones.

3. LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Una persona responsable de un equipo humano debe tener cualidades que englobo en esa "inteligencia emocional" y que son: la empatía, ponerse en el lugar de otros; la asertividad, para crear un clima adecuado y aprender a mantener una postura sin agredir a los demás; la asunción de errores, dado que saber detectar una equivocación y asumirla es básico en un buen directivo. (Asumir un error es reconocerlo, pero sobre todo, es analizar aquello que lo motivó para evitar errores futuros y saber paliar sus consecuencias. Esconder un error o culpar a otros, me parece una actitud imperdonable en un responsable).

4. RESPOSABILIDAD Y COMPROMISO

Tanto con los objetivos de la organización, como con el equipo humano que se dirige.

5. CAPACIDAD DE PLANIFICACIÓN

Me parece fundamental saber planificar acciones, priorizar objetivos, guiar al equipo de forma programada y, sobre todo, saber equilibrar la atención las cosas urgentes, con la atención a las cosas necesarias e importantes, para evitar que queden relegadas o realizadas apresuradamente y en plazos no razonables.

6. CAPACIDAD PARA COHESIONAR AL EQUIPO

Saber estimular y motivar al equipo y crear un buen clima de trabajo. Esta capacidad incluye la sabiduría de conocer a los trabajadores y saber aprovechar sus capacidades, incluye la adecuada delegación de funciones y supervisión de las mismas y, también, la capacidad de estimular la participación del equipo en la toma de decisiones.

7. CREATIVIDAD Y CAPACIDAD DE INNOVACIÓN

Dado que muchos problemas a los que nos enfrentamos son complejos y, en demasiadas ocasiones, son antiguos, me parece muy valiosa la persona capaz de probar otras soluciones, de buscar otras opciones nunca implementadas. Puede que ese sea el camino del éxito para esos problemas fruto de la inercia y de la resistencia a los cambios.

8. CAPACIDAD PARA LA TOMA DE DECISIONES

Y llega una de las capacidades más difíciles para mí. Tomar decisiones es un riesgo, puede ser impopular y es exponernos a la crítica. Pero es imprescindible, no se asume un cargo de responsabilidad para huir de las decisiones. Las decisiones deben de ser justas, honestas, fundamentadas y flexibles.

9. CAPACIDAD DE COMUNICACIÓN

Una buena gestión requiere la capacidad de establecer canales de comunicación eficaz y fluida con los trabajadores, con otros responsables, con superiores, con políticos y con la sociedad para la que se trabaja. Esta capacidad ayudará a obtener apoyos, a mejorar el clima laboral, a visibilizar logros y comunicar resultados y a actuar ante conflictos.

10. CAPACIDAD DE EVALUACIÓN Y RECONDUCCIÓN DE LAS METAS

Por último, es necesario estar preparado para evaluar el trabajo que se realiza y que dicha evaluación sirva de retroalimentación para seguir mejorando la planificación de la gestión.

ANÁLISIS DAFO


Y llega el día en el que se produce el cambio. En ocasiones ha sido un cambio anunciado, deseado, preparado. Pero también puede ser un cambio impuesto, imprevisto, injusto, no planificado. Y, sin embargo, con frecuencia, oiremos que se necesitan cambios para evolucionar, que todo cambio es un reto, una oportunidad y una forma de demostrar la valía profesional.

Y no quise esquivar el reto, me preparé para ese cambio que llegaría, esa oportunidad que iba a ser mía, no escatimé sacrificio personal: dediqué tiempo libre, esfuerzo y dinero en lograr la mejor formación, en estar en el lugar adecuado y en el momento necesario. Invertí en mi futuro, tal y como me recomendaban. Y llegó ese cambio. Y no fue el cambio anunciado, deseado, preparado. Fue impuesto, inexplicable, injusto. Y, de pronto, desaparece todo lo que has construido, todo eso por lo que has luchado. Y ni siquiera mereces una explicación. Y comienzas a entender el absurdo y obsoleto sistema en el que nos movemos: en nuestro país no es fácil trasladar a un funcionario de una Administración a otra. Por ello, si tu servicio desaparece y no hay otro similar al que enviarte, pues te conviertes en una figura extraña, fuera de lugar, incómoda para los superiores. Y miran para otro lado. Y procuran olvidar que han cercenado la vida laboral de un grupo de personas.

Y lo intentas. Capacidad de adaptación, más que nada porque no queda otra. Pero tu formación, tu experiencia laboral, tus capacidades desarrolladas, dejan de tener sentido en el lugar donde, de pronto, te encuentras. Y, sin embargo, son valiosas y necesarias a pocos metros de dónde te han sentado. Más no hay un camino para recorrer esa distancia. No hay sendero trazado.
Y sigo buscando el camino. Me resisto a abandonar mi profesión, mi vocación, mi formación y mi oportunidad. Capacidad de adaptación. Días de ilusión y días de frustración. Sin dejarme amedrentar por esa maleza que debe de ocultar el sendero.

Vivimos en una cultura organizacional estancada en la inercia, poco preparada para gestionar con eficacia las capacidades de las personas que la integran. Un lujo inexplicable en un país tachado de ser poco productivo. Una torpeza. Algo que cambiar.